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Tragedias de la macroeconomía populista en América Latina PDF Imprimir E-Mail
Los frecuentes episodios de demagogia política y económica que identifican al populismo tercermundista, con frecuencia se confunden con programas socialistas tradicionales y surgen con políticas macroeconómicas, frente a coyunturas pre-electorales.

 

 

 

 

Publicado en: El Mundo  

Por: José Ignacio Moreno León

01/02/2010 

 

 

 

Hace cerca de dos años, publicamos en otro reconocido medio impreso del país un artículo presentando un esquemático recuento de la errática historia del subdesarrollo de América Latina, signado en la mayoría de esos países por movimientos pendulares, entre intentos democráticos y regímenes dictatoriales y entre gobiernos de extrema derecha y recurrentes ofertas populistas, todos los cuales han terminado en frustraciones de esos pueblos que aún permanecen anclados en el subdesarrollo y la pobreza. 

 

Indicábamos entonces que muy pocos países, como son los casos de Chile, Brasil, Costa Rica, Colombia y México han estado acertando, en las últimas décadas, con sus políticas económicas para superar el atraso, en un ambiente de institucionalidad democrática, recordando que en la década de los 80, frente a las fracasadas recetas neoliberales resurgieron, especialmente en el sur del continente, gobiernos con políticas macroeconómicas populistas que azotaron esas economías con grandes brotes inflacionarios, turbulencia social y desestabilización política. 

 

Pero la tragedia de la macroeconomía populista tiene una historia mas larga cuyos inicios se remontan a la década de los años 40 del pasado siglo, incluyendo los regímenes de Perón y el peronismo (Argentina, 1946-1952), (1952-1955) y (1972-1976); Ibáñez y Allende (Chile, 1952-1955 y 1971-1973); Goulart y Sarney (Brasil, 1962-1964 y 1985-1988); Silez Suazo (Bolivia, 1982-1985); primer gobierno de Alan García (Perú, 1985-1988); López Portillo (México, 1979-1982) y los sandinistas (Nicaragua, 1980-1987). 

 

Los frecuentes episodios de demagogia política y económica que identifican al populismo tercermundista, por su énfasis en los objetivos de redistribución del ingreso y en la expansión del activismo estatal, con frecuencia se confunden con programas socialistas tradicionales y surgen con políticas macroeconómicas que se aplican como reacción desesperada de gobiernos en situaciones de estancamiento y depresión económica frente a coyunturas pre-electorales de intensa presión popular y de conflictos sociales creados por notables desigualdades en la distribución del ingreso. 

 

Estos ensayos rechazan las políticas de economía de mercado y, mas recientemente, se están proponiendo como fórmulas redentoras de los pobres frente un supuesto colapso del capitalismo. Los idólatras de estas fórmulas fracasadas se empeñan en una estrategia de reactivación mediante la redistribución, basada en la creencia de que la capacidad productiva no utilizada del país da un margen apropiado para la expansión económica, por lo que se recurre a importantes aumentos decretados del salario real para promover el crecimiento rápido y la redistribución. 

 

Se pretende lograr una expansión no inflacionaria aguantando la devaluación, controlando los precios y castigando la especulación sin tomar en cuenta que el crecimiento artificial de la demanda producido por los aumentos decretados de salarios no se va a satisfacer oportunamente con un aumento de la oferta interna, por lo que se genera desabastecimiento, se reducen sensiblemente las reservas monetarias y se desarrollan presiones inflacionarias incontrolables; graves déficit presupuestarios; problemas inmanejables de escasez y balanza de pagos; fuga de capitales a pesar de los controles cambiarios; desmonetización y, al final el colapso del modelo que obliga a drásticas devaluaciones, eliminación de subsidios, caída del salario real, elevada inflación y un proceso incontrolable de desestabilización, con la consiguiente turbulencia política y social, que a la larga obliga a un nuevo gobierno a aplicar un programa de ajustes para estabilizar la economía. 

 

Lo anterior es lo que el fallecido Nobel de Economía y profesor de MIT Rudiger Dornbush denominó "ciclos perversos de la macroeconomía del populismo" y describió en todas sus fases en una publicación conjunta con Sebastián Edwards.  

 

La tragedia de la macroeconomía populista en América Latina, al igual que los complejos del tercermundismo están presentes aún en algunos países de la región cuyos gobiernos, en pleno siglo XXI, no han querido asimilar las nuevas realidades globales y las señales políticas e ideologías derivadas del colapso del socialismo marxista y de las fallidas recetas del rentismo y del capitalismo de Estado.

 
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